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domingo, mayo 07, 2006

El Miedo genera más Miedo, La formula Distraerse Anticipadamente


Sábado 6 de mayo de 2006
Para quienes sufren por adelantado

Distraerse, un alivio efectivo para temerosos
Por Sandra Blakeslee De The New York Times

NUEVA YORK.– Para aquellos que tanto temen una inyección o una colonoscopía, así como un tratamiento de conducto, que procuran evitarlos sistemáticamente, los científicos tienen buenas noticias.

El primer estudio centrado en esas sensaciones de temor que surgen en el cerebro descubrió que, contra la opinión generalizada, ese sufrimiento no nace del miedo ni de la ansiedad por el evento desagradable, sino por la atención que las personas prestan de antemano a lo que piensan que será extremadamente desagradable. Así, la solución para los temerosos es, según afirman los investigadores, la distracción. “Habíamos observado que cosas como la autohipnosis ayudaban a aliviar el temor, pero no sabíamos por qué”, dijo el doctor Gregory S. Berns, profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Emory, Estados Unidos, que lideró el estudio.

La investigación, publicada en la última edición de la revista Science, es “fascinante”, según dijo un experto en neuroimágenes, el doctor Read Montague, profesor en neurociencias de la Facultad de Medicina Baylor, que no participó del estudio. Demuestra que el cerebro asigna un costo a la espera de algo malo, de modo tal que esa cosa mala se vuelve peor si se demora, según dijo el doctor Montague. "De ahí que muchas personas prefieran no perder tiempo cuando están en el consultorio del médico esperando una inyección."

Modelos de comportamiento
La investigación también aporta algo de luz sobre el comportamiento económico, dijo George Loewenstein, un economista del comportamiento de la Universidad Carnegie Mellon, que agregó que, de acuerdo con los modelos económicos aceptados de comportamiento humano, preferir sentir más dolor, pero cuanto antes, es irracional: si uno sabe que algo malo sucederá, uno debería posponerlo cuanto le sea posible, y si algo bueno va a pasar, uno quiere que suceda lo más pronto posible.

"En la vida real, las personas suelen preferir lo contrario", dijo Loewenstein. Se demora la gratificación para poder saborear el dulce sabor de la anticipación, y se acelera la llegada del castigo simplemente para superarlo. El nuevo estudio ayuda a comprender cómo el esperar puede ser usado para describir comportamientos económicos con más precisión.

Para el estudio, el doctor Berns evaluó a 32 personas con métodos de imágenes cerebrales y les aplicó corriente eléctrica en los pies. Después de que su umbral máximo de dolor fue determinado -esto es la mayor intensidad de dolor que podrían soportar-, se les dieron 96 indicaciones. Cada una enunciaba cuánto voltaje estaban por experimentar y cuánto tendrían que esperar para recibirlo. Por ejemplo, una indicación decía que recibirían el 60% del máximo de dolor después de 27 segundos. Otra advertía que recibirían una descarga eléctrica del 30% en 9 segundos.

Pero los sujetos podían optar entre diferentes combinaciones de voltaje y de espera. Por ejemplo, podían elegir un 90% del voltaje máximo después de 3 segundos de aceptado o el 60% en 27 segundos. Entonces, recibían la descarga elegida en el tiempo y voltaje acordados.
El escáner cerebral detectó la actividad durante la espera de las descargas, lo que aportó una hoja de ruta para la comprensión de la respuesta al sufrimiento.
Veintitrés voluntarios, apodados "miedosos medios", eligieron una espera tan corta como fuera posible para cualquier voltaje, pero no aceptaron más dolor para que la espera se acortara. Los otros nueve participantes, llamados "miedosos extremos", siempre prefirieron un voltaje más alto, si con esto lograban acortar la espera.
Una espera activa
Al comparar las imágenes cerebrales de estos dos grupos, el doctor Berns encontró sólo una diferencia. Durante el período de espera, los "miedosos extremos" experimentaban una intensa actividad en una región del cerebro llamada matriz del dolor, que está relacionada con la atención.
La matriz del dolor es un conjunto de regiones cerebrales que se activan cuando la persona experimenta dolor, explicó el doctor Berns. Partes de ella se relacionan con las sensaciones del cuerpo, mientras que otras regiones están involucradas en la intuición, las emociones, el temor o la atención.
Los miedosos extremos, según dijo, desplegaban una atención mayor a los pies, a punto de ser electrocutados, que el grupo mayoritario. Después de todo, su temor implicaba la atención a las cosas desagradables por venir, lo que los diferenciaba de la ansiedad y del miedo propiamente dicho.
"Ya se trate de una colonoscopia o de un tratamiento de conducto, en realidad no es el procedimiento en sí mismo lo que las personas temen, sino el tiempo de espera", dijo el doctor Berns.
Para los temerosos extremos, hallar una distracción probablemente sea la mejor solución.

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lunes, mayo 01, 2006

¿COMO SE ELIGEN LAS PAREJAS??



Domingo 30 de abril de 2006

¿Cómo opera la "química del amor" ?


Los secretos detrás de la elección de pareja,

Los científicos empezaron a develarlos


LONDRES.–
Elegir pareja es la decisión más crucial de nuestras vidas.
Gastamos una cantidad enorme de tiempo y de energía tratando de hallar a ese alguien especial. Nuestro apetito por relacionarnos alimenta una industria billonaria de servicios de búsqueda de parejas, avisos de corazones solitarios o citas online. Aun así, generalmente no resultamos satisfechos.

Una encuesta realizada el año pasado entre más de 900 personas que usaban servicios de citas online mostró que el 75% no encontró lo que estaba buscando.

Pareciera que aún estamos entre tinieblas sobre cómo hallar a nuestra pareja perfecta. Como científico que estudio el comportamiento humano en la Universidad de California, no me sorprende la naturaleza misteriosa que se esconde detrás de cómo elegimos pareja: es un proceso altamente complejo. Sólo somos conscientes de una parte; el resto es inherentemente impredecible u opera fuera de nuestra conciencia, lo que hace que parezca que el amor es una química inefable. Empecemos por la parte consciente.

Existen algunas cosas que encontramos atractivas. Los hombres tienden a desear a aquellas mujeres con características que sugieran juventud y fertilidad, lo que incluye una ajustada relación cintura-cadera, labios carnosos y rasgos faciales suaves. Estudios recientes confirman que las mujeres tienen gran preferencia por la belleza masculina viril, de cuerpos firmes, amplios hombros, buena piel y rasgos faciales masculinos, todo lo cual puede indicar potencia sexual y buenos genes. También sabemos que las mujeres se ven atraídas por los hombres con apariencia de ser ricos o que tengan la habilidad de adquirir riqueza, y que tanto hombres como mujeres valoran mucho la inteligencia de la pareja. Las preferencias por estas cualidades -belleza, cerebro y recursos- son universales.

Los George Clooney y las Angelina Jolie del mundo son símbolos sexuales por predecibles razones biológicas. La evolución del amor Por supuesto: no todos nos enamoramos de superparejas como éstas. Una persona promedio que lo hiciera no iría a ninguna parte porque las superparejas son inaccesibles para todos excepto unos pocos. Esta posiblemente sea, en parte, la razón por la cual el amor evolucionó: para unirnos para tener niños, pero también para ayudarnos a elegir de manera que no perdamos tiempo y energía enamorándonos de alguien inalcanzable. La gente, en cambio, tiende a enamorarse de alguien que, en atracción, inteligencia y status, es similar a ella. Eso, en cuanto a las apariencias. ¿Qué pasa con los elementos de atracción menos evidentes? Un fascinante trabajo sobre genética y elección de pareja ha demostrado que cada uno de nosotros se ve atraído por personas que poseen un particular conjunto de genes, conocido como principal complejo de histocompatibilidad, que tiene un papel crucial en nuestra capacidad para combatir las enfermedades. Las parejas que tienen diferentes complejos de histocompatibilidad producen retoños más sanos y con mejores sistemas inmunológicos. Y la evidencia muestra que estamos inclinados a elegir personas que se nos acomoden en este aspecto: las parejas tienden a tener complejos de histocompatibilidad mucho más diferentes que si se hubieran unido por casualidad. ¿Cómo se encuentra la gente que es diferente en su complejo de histocompatibilidad? Esto no se comprende totalmente, pero sabemos que el olor es un factor importante. La gente parece literalmente elegir a su pareja por el olor. En algunos estudios, las personas tendieron a elegir como más atractivas las remeras usadas por otros que tienen un complejo genético diferente. De esto sólo se trata la "química" sexual. El mensaje aquí es éste: "Confíe en sus instintos", pero hay una excepción alarmante. Es el caso de las mujeres que toman anticonceptivos. Con ellas sucede lo contrario. Prefieren hombres que tienen genes similares a los propios. Así, las mujeres que las toman tienen el riesgo de elegir a un compañero que no sea genéticamente adecuado (mejor, primero sentirle el olor y luego tomar la pastilla). Este es un buen ejemplo de cómo la atracción química puede depender de las circunstancias. Otro ejemplo: la atracción puede fluctuar a lo largo del ciclo menstrual. Los hombres evalúan los aromas de las mujeres como más atractivos cuando éstas están cerca de la ovulación y en nuestros estudios de la Universidad de California en Los Angeles, hemos visto que los hombres están más afectivos con sus compañeras a medida que la ovulación se acerca. Las preferencias de las mujeres por ciertos aromas masculinos y otras características de los hombres cambian a lo largo del ciclo. Cerca de la ovulación, prefieren los rasgos masculinos; en otras fases de su ciclo, prefieren menos sexualidad y más estabilidad. Todo esto sugiere que el camino hacia el amor es algo casual, particularmente en las mujeres. El tener sexo puede también complicar el camino hacia un posible compañero. Luego de tener sexo, el cerebro libera oxitocina, lo que brinda un sentimiento sociable de amor y la creación de lazos sociales que facilitan la búsqueda de un hijo.

Cuidado: el sexo por capricho puede llevar a sentimientos de amor por una persona que es completamente errada para uno. Un enigma Por supuesto que el sexo no es amor. Para los científicos, el amor es un enigma: si estrictamente hablando el deseo sexual tiene en cuenta la reproducción, ¿entonces cuál podría ser el propósito del amor, especialmente cuando nos hace creer que hemos encontrado a nuestra verdadera "alma gemela" en un mundo lleno de miles de millones de alternativas? ¿Cómo les hubiera servido a nuestros ancestros semejante conducta? Una posibilidad es que los sentimientos de amor actúen como un "freno" que termina con nuestra búsqueda de otro compañero, aunque sea temporalmente, de manera que nos limitamos a una persona y nos ocupamos de la tarea de estar en pareja.

Pero esto también nos propone otra pregunta: si los caminos del amor son tan variados y causales, ¿por qué nos decidimos por una persona en particular? Resulta ahora que el problema de la elección con incertidumbre puede ser descripta matemáticamente. Los psicólogos evolutivos Peter Todd de la Universidad de Indiana, en Bloomington y Geoffrey Miller de la Universidad de Nuevo México utilizaron una estimulación computarizada para determinar cómo una persona podía elegir mejor, dado un número de potenciales parejas. La organizaron de manera que la persona primero calculara un número de opciones antes de decidir qué era lo mejor a lo que podía aspirar en términos de atracción y luego fuera a la siguiente persona que encontrara y que se ajustara a sus aspiraciones. Los investigadores descubrieron que la proporción óptima de posibles parejas para examinar antes de establecer sus aspiraciones y realizar su elección es sólo del 9%.

Entonces, de un grupo de 100 parejas posibles es mejor estudiar sólo las primeras nueve que se encuentren al azar antes de elegir. Si se examinan menos, no se tiene información suficiente para realizar una buena elección, y al hacerlo por demás se puede dejar pasar la mejor posibilidad. Sin duda, los modelos presentados subestiman la complejidad real de la elección de pareja, pero la visión fundamental está clara: no busque indefinidamente antes de hacer su elección, por no perderse todas las posibilidades o para no quedarse, a la vez, sin tiempo.

De quién nos enamoramos está determinado por una mezcla de factores, de algunos de los cuales somos conscientes; otros los experimentamos indirectamente. La casualidad puede desempeñar un papel decisivo, especialmente si encontramos a alguien luego de haber establecido nuestras aspiraciones o en algún momento particular de nuestro ciclo hormonal. Puede existir ese ser especial allá afuera, pero no necesariamente tiene que ser el único. Por Martie G. Haselton De New Scientist Traducción: María Elena Rey George clooney,

El hombre ideal Virilidad Las mujeres prefieren a los hombres viriles: musculosos, de espaldas anchas y rasgos masculinos bien definidos. Estas características son interpretadas como indicadores de potencia sexual y buenos genes. Riqueza Otros estudios han sugerido que las preferencias también se inclinan por los que aparentan poseer riquezas o demuestran la habilidad de obtenerla. Inteligencia Las mujeres valoran la inteligencia de la pareja.

Angelina jolie, La mujer ideal Fertilidad Los varones consideran atractivas a las mujeres con rasgos que sugieren juventud y fertilidad, como, por ejemplo, una ajustada relación cadera-cintura, labios carnosos y rasgos faciales delicados. Inteligencia Al igual que las mujeres, los varones también valoran la inteligencia de su compañera. Ovulación La atracción por la mujer fluctúa con el ciclo menstrual: los varones se ven atraídos cuando la mujer ovula.
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Noticias Ciencia/Salud Nota

domingo, marzo 26, 2006

¿Cuanto vale la Felicidad?


Una controvertida pero fecunda área de investigación

¿Es posible ponerle precio a la felicidad?

Psicólogos y economistas estadounidenses estudian sus orígenes y su impacto en los negocios con un solo fin: cuantificarla

WASHINGTON.-
Polémico, sí, y quizás algo utópico, también. ¿Es posible ponerle precio a la felicidad? ¿Tasarla? ¿Medirla? ¿Pedir una indemnización en un juicio de divorcio por no tenerla? Sí, según una de las más controvertidas -y crecientes- áreas de la investigación científica en Estados Unidos. Los académicos bucearon en las causas de la depresión durante décadas. Evaluaron sus consecuencias y las técnicas y medicamentos para remediarla o paliarla. Pero en los últimos años apuntan a su opuesto: la felicidad, sus orígenes y su impacto. Hasta, por qué no, en los negocios. Así es como un estudio concluyó que los solteros estadounidenses, de ambos sexos, al igual que los casados que tienen baja frecuencia de actos sexuales, necesitan ganar US$ 100.000 adicionales al año para sentirse tan felices como un cónyuge felizmente casado y con buena rutina sexual. La conclusión del estudio liderado por el profesor de economía del Dartmouth College, David Blanchflower, tiene consecuencias explosivas: abogados en Estados Unidos analizan si es posible cuantificar una "pérdida en la felicidad" de sus clientes al plantear una demanda de divorcio, según expuso The Wall Street Journal en un artículo reciente. La cifra "compensatoria" que podría reclamarse no es menor, incluso para los parámetros de Estados Unidos, donde el ingreso promedio per cápita es de US$ 30.547 al año, según el relevamiento de 2004 de la Oficina de Censos norteamericana. Con esa cifra oficial como parámetro, el estudio de Blanchflower lleva a algunos a pensar que tener una buena frecuencia sexual equivale a tener ingresos económicos tres veces superiores a los de un estadounidense promedio, pero felizmente casado. Sus conclusiones se suman a los de otros estudios, como los desarrollados por el profesor de marketing de la Universidad del Estado de Nueva York Michael Guiry, que estudia desde 1998 las conductas y personalidades de quienes pasan horas en los shoppings. Guiry concluyó que salir de compras como una forma de recreación es para muchos una forma de reafirmarse. O, en otras palabras, que quienes compran porque sí suelen tener una autoestima más baja que quienes sólo compran ante una necesidad. Todo un nicho para la publicidad. "El próximo paso en mi investigación es hacer un estudio para ver si la identidad del comprador recreacional se mantiene en otras culturas", anticipa Guiry a LA NACION. "Aunque no he hecho investigaciones en la Argentina, esperaría similares sensaciones acerca -y conductas hacia- las compras recreacionales que en Estados Unidos." Lo primero es la salud Los hallazgos de Guiry se combinan con los del profesor de psicología y neurociencia de la Universidad Stanford Brian Knutson. Tras medir las diferencias observadas en el flujo de oxígeno dirigido al cerebro, Knutson concluyó que las personas suelen sentir más felicidad y satisfacción de la anticipación de una compra que en el momento en que adquieren el producto deseado en sí. Semejante conclusión es un aliciente para las áreas de marketing de cualquier empresa a la hora de armar una campaña publicitaria, que ya sabían del asunto: promocionar la experiencia de un producto es tan o más importante como el producto en sí. Otros académicos se concentran en la faz económica de la felicidad. ¿Existe un ingreso mínimo para ser feliz? Tres analistas del Centro Pew de Investigaciones, Paul Taylor, Cary Funk y Peyton Craighill, encuestaron a 3015 estadounidenses. Y concluyeron que la felicidad es más común entre quienes ganan más de US$ 100.000 al año (un sueldo propio ya de la clase media-alta en este país), van a servicios religiosos y... adhieren al Partido Republicano.

El profesor de sociología y demografía de la Universidad del Estado de Pennsylvania, Glenn Firebaugh, prefiere destacar, en cambio, la idea de la "riqueza relativa": la gente se compara con quienes considera sus pares por edad, lugar o similares trabajos, más que por parámetros absolutos o teóricos de salarios o riqueza. Firebaugh también defiende, de todos modos, el clásico concepto de que aunque el dinero ayuda a la felicidad, pero no la genera, ni garantiza. Y que la salud es más relevante que una cuenta bancaria, después de estudiar a más de 18.000 estadounidenses. En esa línea va, también, el profesor de kinesiología de la Universidad de Illinois, Edgard McAuley, que pudo verificar en los hechos el precepto de que el ejercicio físico le permite a ser más feliz en la tercera edad, elevando la autoestima y la confianza. La firma Sensory Logic avanzó, en cambio, por la senda abierta por el profesor retirado de psicología de la Universidad de California en San Francisco, Paul Ekman, que estuvo durante décadas los rasgos faciales de cada emoción. Empresas como Canon, Toyota, Whirpool y American Express usan ahora los servicios de la firma para medir cuáles de sus productos hacen realmente felices a sus clientes.

Por su parte, Martin Seligman, profesor de psicología de la Universidad de Pennsylvania, apuntó a la resistencia. Comprobó que quienes tienen más fortaleza mental son más felices. La derivación laboral de ese principio es directa: las empresas que enseñan a sus vendedores técnicas para lidiar con clientes dubitativos -como novias- o para áreas complejas -como funerarias- suelen vender más. Y compañías como Sprint Nextel y David´s Bridal están usado los hallazgos de Seligman. Pero las conclusiones de Blanchflower son, de seguro, las más controvertidas.

Tras estimar en US$ 100.000 el dinero extra necesario para ser feliz si se tiene poco sexo o que se es igualmente feliz con menos ahorros dinero pero más sexo, el académico dio otro paso. Blanchflower también midió la diferencia pecuniaria entre tener sexo una vez a la semana con una pareja monógama o una vez al mes: la diferencia para ser feliz, entre los estadounidenses, ronda los US$ 50.000 al año.

Por Hugo Alconada Mon Corresponsal en EE.UU.

domingo, enero 08, 2006

Dominando el Enojo, una clave para el logro de sus metas


Cómo hacer que el enojo no nos domine


Es una mezcla confusa e incontrolable de sensaciones...

La temperatura del cuerpo sube, los músculos de la cara se tensan y la adrenalina dispara en segundos un cóctel de disgusto, hostilidad, indignación y exasperación, que puede resultar explosivo.

Sin embargo, a diferencia de lo que se cree, el enojo es una sobrecarga de energía que se puede controlar. El secreto está, según coinciden los especialistas, en saber reconocer los síntomas físicos y emocionales que nos provoca y la magnitud de la reacción con que respondemos frente a esa energía. “Nos enojamos cuando algo nos frustra, como un atascamiento de tránsito, una mala respuesta o una amenaza a la integridad física o al honor. Los motivos y los grados de intensidad son variadísimos, pero todos tienen un elemento común: debajo de cada enojo hay una frustración. Y la función esencial del enojo es darme más energía para enfrentar el obstáculo que me produce esa frustración", explicó a LA NACION el médico psicoterapeuta Norberto Levy, reconocido por el desarrollo del método de autoasistencia psicológica y por su estudio de las emociones. En general, y basta con recordar cualquier experiencia vivida, enojarnos no suele solucionar los problemas que disparan su existencia. Muy por el contrario, los agravan porque culturalmente se considera que el enojo es una forma de defensa contra una agresión, aunque no sea así.

El enojo es una emoción completamente natural e incluso sana, porque es el mecanismo que dispara una carga mayor de energía por todo el cuerpo para alertarnos sobre la presencia de un obstáculo que nos impide alcanzar un objetivo deseado. La finalidad de la sobrecarga energética, cuyo mejor indicador es una fuerza física mayor que la habitual, es justamente permitirnos pasar ese obstáculo. En definitiva, el enojo es un estado emocional normal que varía en intensidad. Puede presentarse sólo como una molestia pasajera, una irritación moderada, furia o ira. Al igual que el resto de las emociones, el enojo no llega solo. También produce cambios fisiológicos: aumenta el ritmo cardíaco, la presión arterial y las hormonas de la energía, la adrenalina y la noradrenalina. "El enojo es un sentimiento displacentero, que provoca signos físicos internos y externos, como la taquicardia, la sudoración y la ruborización, que pueden llegar hasta picos de hipertensión, gritos y agresiones físicas", puntualizó la psicoanalista Marcela Barilari, coordinadora docente y supervisora del Centro Dos. Para la especialista, al sentir ese malestar difuso habría que detener de inmediato la acción y abstraerse de la escena para preguntarse cuál es el reclamo que está en juego. "El enojo es como la fiebre, se la atribuye a múltiples causas", señaló con humor. Contar hasta 10 Como se puede ver, sea cual fuere la estrategia recomendada para manejar el enojo (ver "Receta contra el enojo"), la lista de consejos nunca excluye uno ya tradicional: contar hasta diez antes de reaccionar. Esto permitirá identificar qué es lo que realmente nos molesta y no dirigir el reproche hacia una persona, cuando es una situación la que provoca el malestar. Según un trabajo de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), manifestamos el enojo de tres maneras: lo expresamos, lo suprimimos o lo calmamos.

Expresarlo sin agresión es la forma más saludable de hacerlo, según la APA, y puede ayudar decir claramente qué habría que hacer para resolver el problema. Suprimir el enojo, en cambio, incluye saber redirigirlo para evitar internalizarlo y correr el riesgo de "descargarlo" a través de enfermedades como la hipertensión arterial o la depresión. En cambio, logrará deshacerse del enojo si lo "retiene" apenas detecta sus síntomas, deja de pensar en aquello que lo provocó y se concentra en alguna tarea que disfrute hacer. Pero para calmarlo deberá no sólo controlar su comportamiento, sino también sus respuestas internas: bajar el ritmo cardíaco, tranquilizarse y dejar que el disgusto ceda. "Lo mejor es tomar distancia de la acción y advertirle al otro que estoy en una situación emocional que impide continuar una conversación -sugirió la licenciada Barilari-. Y cuando es el otro el que se enoja, deberíamos tratar de poner paños fríos a la situación y no engancharse con el problema ni responder a la agresión. No es ése el mejor momento para que el otro entre en razones."
Por Fabiola Czubaj De la Redacción de LA NACION

Receta contra el enojo
1.- Respire lento, profundo y de manera constante.
2.- Relaje los músculos de la cara, en especial el mentón, la frente y la boca.
3.- Aléjese del lugar para poder pensar u olvidar la situación.
4.- Repase por qué lo afecta el problema.
5.- Intente ver la situación desde otro punto de vista.
6.-Planifique posibles soluciones con actitud positiva.
7.- Haga ejercicio para aliviar las tensiones y el enojo.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/770541

lunes, diciembre 19, 2005

La dieta de la Edad de Piedra



Domingo 18 de diciembre de 2005
The New York Time Magazine
CIENCIA Steven D. Levitt y Stephen Dubner

Seth Roberts, de 51 años de edad, es un profesor de psicología en la U. de California en Berkeley. Si usted lo hubiera conocido hace 25 años, lo habría considerado un hombre con gran cantidad de problemas. Sufría de acné, se despertaba muy temprano y pesaba 90 kilos (su estatura era de 1,60 metros).Pero ahora muestra una piel saludable, parece que descansa bien, es un ser afable, pesa alrededor de 70 kilos y parece 10 años más joven de su edad real.

¿Cómo ocurrió esto?
Tuvo la inteligente idea de transformar sus problemas personales en temas de investigación y se embarcó en una de las más largas batallas de autoexperimentación científica conocida por el hombre. No sólo explorándose a sí mismo más allá de lo sensato, sino también registrando rigurosamente cada dato puntual en toda la trayectoria.Muchos investigadores descartan la autoexperimentación pues no parece lo suficientemente científica: no hay grupo de control. Tampoco puede hacerse un experimento "de doble ciego", pues el científico y el sujeto de estudio son la misma persona.Gran cantidad de experimentos de laboratorio, en especial en el campo de la medicina, fracasan por usar una pobre metodología o por un flagrante interés personal. En el caso de Roberts, su interés personal es extremo, pero al menos es obvio. Su metodología es tan simple -probar un millón de soluciones hasta que encuentra una que funcione-, que permite una gran transparencia.En cierto modo, la autoexperimentación tiene más en común con la economía que con las ciencias "exactas". Al no poder llevar a cabo experimentos al azar, los economistas quedan confinados a aprovechar cualquier información significativa.Supongamos que usted es un economista midiendo el efecto de las prisiones en las tasas de crímenes. Lo que a usted le gustaría hacer es que unos pocos estados elegidos al azar súbitamente liberen 10.000 presos, en tanto otros estados también elegidos al azar encarcelen a 10.000 personas adicionales.Al no poder hacer un experimento tan perfecto, usted se ve forzado a confiar en algo menos exacto. Por ejemplo, demandas judiciales que acusan a varios estados de hacinamiento en las cárceles. En ocasiones, eso obliga a las autoridades a liberar gran cantidad de presos. (Y sí, los crímenes en esos estados aumentan bruscamente después de que se libera a gran cantidad de detenidos).¿Cuál puede ser un medio más apropiado de generar información que explotar el propio cuerpo? Roberts comenzó con su acné, y luego con su falta de sueño y le llevó más de 10 años de experimentación, pero descubrió que su insomnio mañanero podía ser curado si el día anterior se saltaba el desayuno y pasaba más de ocho horas de pie.Más extraña aún es la solución que encontró para su malhumor: si bien veía televisión al menos una hora cada mañana, nunca lo hacía por las noches.

Cuando encontró esta solución, Roberts, como otros científicos, llegó hasta la Edad de Piedra buscando una explicación. Las investigaciones antropológicas sugieren que los primeros seres humanos tenían variados contactos personales cada mañana, pero muy poco después del atardecer, un hábito que Roberts imita ahora cuando se trata de la televisión.También fue la Edad de Piedra que inspiró su sistema para controlar el peso. Había intentado la dieta sushi, una dieta de pasta, una dieta de cinco litros de agua por día y varias más.

Todas resultaron ineficaces.Pero en el camino descubrió que nuestros cuerpos están regulados por un "set point", una especie de termostato de la Edad de Piedra que establece un peso óptimo para cada persona.

Pero este termostato funciona de manera opuesta al que hay en su casa.Cuando su casa se enfría, el termostato enciende la caldera. Pero según la teoría del set-point, cuando la comida escasea, usted se vuelve "menos" hambriento. En cambio, usted se vuelve más glotón cuando hay mucha comida a su alrededor.Esto puede parecer contrario a la lógica, como ordenarle a la caldera de su casa que funcione solamente en verano. Pero hay una crucial diferencia entre la calefacción en su casa y las calorías: mientras que carece de sentido almacenar el aire caliente en su casa para el invierno siguiente, hay una manera de guardar calorías para usarlas en el futuro. Se llama grasa. En este sentido, la grasa es como el dinero: se puede obtener hoy, ponerlo en el banco y retirarlo más tarde cuando se necesita.

Durante una época de escasez en la cual su comida siguiente dependía de una caza exitosa este sistema era vital: permitía gastar sus ahorros de grasa cuando la comida faltaba, y hacer depósitos cuando la comida era abundante.El investigador cree que este sistema iba acompañado por un poderoso mecanismo de señales: cada vez que se ingería una comida sabrosa (lo cual se vinculaba con una época de abundancia) o que era conocida (lo cual indicaba que usted la había comido antes y se había beneficiado con ella), su cuerpo le pedía que pusiera en su banco tantas calorías como fuese posible.Roberts cree que estas señales eran asociaciones aprendidas tan confiables como la campana de Pavlov que sirvieron muy bien a la humanidad. Hoy, sin embargo, en los lugares donde hay oportunidades constantes de comer, estas señales pueden conducir a la gordura.Así que Roberts probó con el sistema de la Edad de Piedra.

¿Qué pasaría si pudiese mantener bajo ese termostato enviando menos señales de sabor?

Una solución obvia era un dieta blanda, pero eso a Roberts no le interesaba (él es en realidad un gourmet). Después de una gran cantidad de experimentos, descubrió dos agentes capaces de engañar al estómago.Unas pocas cucharadas de aceite sin sabor (él usó canola o aceite de oliva extra liviano), tomadas unas pocas veces al día entre las comidas, le proporcionaron algunas calorías adicionales a su cuerpo, pero no activaron la señal para almacenar más.Algunas onzas de agua azucarada (usó fructosa granulada, que tiene un índice glicémico más bajo que el azúcar en tabletas) produjeron el mismo efecto. (Lo dulce parece no actuar como "sabor" en el sistema de señales de calorías del cuerpo).

Los resultados fueron increíbles. Roberts perdió 18 kilos en tres meses y nunca los volvió a recuperar. Pudo comer bastante cuando y donde quería, pero estuvo mucho menos hambriento que nunca antes.En la comunidad académica, la autoexperimentación de Roberts encontró muchos críticos, pero también serios admiradores. Entre los últimos está el apreciado psicólogo Robert Rosenthal, que ha elogiado a Roberts por "aproximarse a la información con un espíritu exploratorio más que confirmatorio", y por realizar el análisis de los datos "como una ocasión para confrontar una sorpresa".

Pero la extraña solución de Seth Roberts -que ha apodado la Dieta Shangri-La- ¿funcionará realmente para los millones de personas que la necesitan? Con la empresa creada en torno a la dieta Atkins en cesación de pagos, los habitantes de Estados Unidos están ansiosos por otra receta.

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domingo, diciembre 18, 2005

EMPATIA o ¿Como ponerse en los zapatos del otro?


Nos cuenta Plutarco en una de sus historias, que en aquellos tiempos de la antigüedad había un romano que decidió separarse de su mujer abandonándola.

Sus amigos le recriminaron por ello, pues no veían claros los motivos de aquel divorcio:
- No es hermosa?-preguntaban.
-Sí. Lo es. Y mucho.
-¿No es, acaso, casta y honrada?
-Sí. También lo es.

Extrañados, insistían en conocer el motivo que había llevado a su amigo a tomar una decisión tan extrema.

El romano, entonces, se quitó un zapato y mostrándolo a sus amigos, preguntó:
-¿Es bonito?
-Sí. Lo es -dijeron ellos.
-¿Está bien construído?
-Sí. Eso parece -todos aprobaron.

Y entonces él, volviéndoselo a calzar, les aseguró: -Pero ninguno de ustedes puede decir dónde me aprieta.

lunes, diciembre 12, 2005

EL LEÑADOR o a veces hay que pensar antes de ACTUAR


El Leñador
Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; así que el leñador se decidió a hacer un buen papel.
El primer día se presentó al capataz, quien le dio un hacha y le asignó una zona. El hombre entusiasmado salió al bosque a trabajar. En un solo día cortó 18 árboles.

-"Te felicito," - dijo el capataz,"sigue así" .

Animado por las palabras del capataz , el leñador se decidió mejorar su propio desempeño al día siguiente y esa noche se acostó bien temprano.
Por la mañana se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño , no consiguió cortar más que 15 árboles.

-"Me debo haber cansado" –pensó, y decidió acostarse con la puesta del sol. Al amanecer se levantó y decidió batir su marca de 18 árboles.

Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron 7, luego 5 y el último día estuvo toda la tarde tratando de derribar a duras penas su segundo árbol.
Inquieto por lo que pensaría el capataz, el leñador se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que él se esforzaba al límite de desfallecer.

El capataz le preguntó :
-"¿Cuándo afilaste tu hacha la última vez?"

–"¿Afilarla? No perdí tiempo en afilarla, pues estuve muy ocupado cortando árboles".

Cuántas veces estamos tan ocupados en lo que nos parece urgente, que le restamos tiempo a lo que es importante.... Te invito a pensar... ¿Cuál es el hacha de tu vida, que no estás afilando? ¿En qué estás ocupando tu tiempo, a qué le estás prestando atención? Tal vez estamos tan ocupados en querer llegar al destino, que nos olvidamos de mirar el paisaje...